Así nos ven, así somos


Dicen que las mujeres somos el sexo débil. Dicen que solo leemos revistas del corazón y que lloramos con “Pretty Woman”. Dicen, incluso, que conducimos mal y que el único deporte que practicamos es eso que llaman “shopping”. Dicen que jamás llegaremos a ser grandes científicas o literatas, y que el mundo de las finanzas no es para nosotras. Dicen que la cocina es nuestro hogar y los cosméticos nuestros aliados. Mujeres y hombres lo afirman, mujeres y hombres… lo dicen.

La Historia nos ha invisibilizado, pero eso no quiere decir que no hayamos existido. Y, si no, que le pregunten a Rosalind Franklin, sin la que hoy no conoceríamos el ADN que conforma al ser humano (labor que solo reconocieron con un Nobel a sus colegas masculinos, Watson y Crick). Seguro que Jane Austen y las hermanas Brontë también pueden contarnos mucho sobre talento y discriminación. Y, con su gracioso acento andaluz, la fantástica Colombine nos mostraría el duro camino de la mujer en el periodismo.

Sin embargo, esto no es nuevo. La filosofía, la política y la literatura (entre otras disciplinas) se han construido desde el inicio de los tiempos sobre una base patriarcal. Tanto las páginas de los libros como el cine han estereotipado a la mujer como “ángel del hogar”, una criatura sumisa, delicada, dulce y relegada en el ámbito doméstico. Y, como no podía ser de otra manera, se ha demonizado a las mujeres que no aceptaban este rol impuesto, creando la etiqueta de “mujer fatal”. Solo hay que observar modelos contrapuestos como Blancanieves y su madrastra o la prejuiciosa Elizabeth Bennet y sus hermanas locas por casarse. ¡Si hasta la Biblia teme a mujeres atrevidas como Eva o María Magdalena y enaltece a la tierna y virginal María!

Actualmente, tampoco nos libramos de los estereotipos. La Unión Europea nos anima a estudiar ciencia bajo el lema “Científicas con tacones”, olvidándose de las mujeres reales que, bajo sus batas blancas, luchan cada día para que el mundo sea un lugar poco mejor. Las películas infantiles también nos representan como princesas de bucles perfectos con el deber de limpiar para siete hombrecitos y esperar a un príncipe azul. Hasta los medios de comunicación utilizan el cuerpo de la mujer como escaparate sexual y morboso. Parece que se olvidan de que ese cuerpo no es un objeto, sino un engendrador de vida. Se olvidan de que las mujeres también hacemos deporte, leemos a García Márquez y sentimos curiosidad por el mundo. Se olvidan de que somos valientes, luchadoras y creadoras. Se olvidan de que detrás de cada hombre no hay una gran mujer, sino a su lado. Se empeñan en llamarnos doncellas en apuros, pero se olvidan de otro pequeño detalle; y es que, en realidad, somos heroínas.

Anuncios

Acerca de Lidia Baños

He estudiado Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y me gusta informarme e informar. Uno de mis retos es que todo el mundo tenga la posibilidad de conocer y comprender lo que es el feminismo y pueda llevarlo a la práctica para constituir un mundo mejor.
Esta entrada fue publicada en Debate, Feminismo, Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s