El cuerpo de la mujer como campo de batalla


Cuando pensamos en las guerras, nos vienen a la cabeza imágenes de soldados embarrados en trincheras, de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y de pilotos de aviones plagados de misiles. Parece que la guerra es cosa de hombres, pero cuando un bando quiere hacer realmente daño al otro, atenta contra la principal base social: las mujeres. Vistas como seres vulnerables, son secuestradas, torturadas y asesinadas. La brutalidad de estos actos es tremenda, al igual que sucede cuando se trata de violaciones. Violaciones… ¡cómo no! Para debilitar a una sociedad, la principal opción es atemorizar a las mujeres y atentar contra sus cuerpos, dañándolos con una acción tan cobarde como la violación. A estos hombres cobardes ni siquiera les importa que, en muchos casos, se trate de niñas, de jóvenes atemorizadas que se ven obligadas a soportar la brutalidad humana y la cobardía en sus cuerpos y a cargar con ellas en sus almas.

Lo cierto es que hay datos escalofriantes. ¿Sabéis que en la República Democrática del Congo se registran 48 violaciones cada hora? Una cifra elevadísima y una cifra con rostro de mujer, de mujeres que sufre, lloran y gritan, aunque apenas las escuchamos. Si queréis conocer algunas de las tremendas historias, os recomiendo el documental La guerra contra las mujeres del periodista Hernan Zin, un estupendo documento grabado durante tres años y lleno de testimonios desgarradores que sacan a relucir este drama.

Precisamente es en África, un continente pobre en recursos económicos y también en derechos, donde ha sucedido otro caso en el que se juega con la vida y la dignidad de las mujeres. Seguro que muchos os habéis enterado hace poco del secuestro de más de 200 niñas nigerianas por la secta radical Boko Haram, a pesar de que las pequeñas fueran arrancadas de su escuela y de sus casas el 16 de abril. En esas fechas, muchos estábamos en nuestras casas disfrutando de unas ricas torrijas mientras veíamos la serie de moda, sin tener constancia de hechos tan dramáticos como este. Sin embargo, los radicales han vuelto a actuar, secuestrando a ocho niñas más. Hasta que Nigeria no ha pedido ayuda a Estados Unidos, que se ha comprometido a contribuir económicamente para ofrecer un rescate por las jóvenes, apenas sabíamos nada. Incluso, muchos desconocían la noticia hasta que políticos y famosos del mundo del espectáculo han visibilizado la lucha contra el terrorismo y la violencia contra las mujeres. En este punto, volvemos al debate sobre si el sufrimiento entiende de razas y colores de piel. Siendo honestos, si el secuestro se hubiera producido en un colegio de Francia, ¿la repercusión hubiera sido la misma? No cabe duda de que la noticia se hubiese difundido mucho más rápido y de que las lágrimas de las madres que no saben si volverán a ver con vida a sus hijas, hubieran calado en nosotros mucho más hondo.

Sea como sea, la situación es alarmante. Sus familiares y el mundo entero desconocemos el paradero de estas pobres niñas, que están enfrentándose a auténticos horrores. Por ejemplo, una de las niñas secuestradas que ha logrado escapar ha confesado que ha llegado a ser violada hasta 15 veces al día por los radicales. Y es que esto es lo que sufren también muchas de sus compañeras: abusos sexuales, malos tratos, explotación doméstica y vejación. Entre los propósitos del grupo radical, destaca el de conseguir esposas a la fuerza y el de vender a algunas de estas niñas -como si de mercancía se tratase- a hombres que también “necesitan” una esposa. Es realmente asqueroso.

Mujeres de Tahití de Paul Gauguin
“Mujeres de Tahití” (Paul Gauguin, 1891)

Pensadlo. Si estáis en la calle, mirad a las niñas y jóvenes que tenéis a vuestro alrededor. Si no, hacedlo mañana cuando vayas a trabajar, estudiar o a dar un paseo. Son niñas felices, inocentes, de sonrisas melladas y risas contagiosas. Niñas que regresan del colegio de la mano de su mamá o de su papá y jóvenes que pasean con sus amigas intercambiando whatsapps en los móviles que las regalaron en su último cumpleaños. Tienen la misma edad y los mismos sueños que las niñas nigerianas secuestradas, pero la diferencia es que las segundas son… nigerianas. Nigerianas, africanas, negras, pobres. Han tenido la mala suerte de nacer en un lugar donde la violencia contra la mujer está a la orden del día (lo que no quiere decir que en nuestro mundo supuestamente “desarrollado” no existan niñas y mujeres que sufren discriminación y violencia de género). El color de piel no tiene que influir nuestra reacción ante las injusticias. Pensad que a miles de kilómetros de esas jóvenes que veis paseando con sus mochilas tan felices, hay más de 200 niñas que han sido alejadas de sus familias y que son maltratadas y violadas cada día dentro de un infierno del que, si seguimos tapándonos los ojos, jamás lograrán salir.

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Acerca de Lidia Baños

He estudiado Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y me gusta informarme e informar. Uno de mis retos es que todo el mundo tenga la posibilidad de conocer y comprender lo que es el feminismo y pueda llevarlo a la práctica para constituir un mundo mejor.
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