¿Y si Pedro Sánchez fuera una mujer?


Cuando él llega, se hace el silencio. Sus 190 centímetros de firmeza y autoridad imponen; la media sonrisa que se dibuja en su rostro de marcadas facciones, engancha. Pedro Sánchez camina en la política con paso decidido, recuperando la esencia de político atractivo, carismático y de voz profunda que un día encarnó Adolfo Suárez -salvando las distancias, claro-.

Estos últimos días, Sánchez ha saltado a la palestra por sus continuas apariciones en los medios, concretamente en programas de entretenimiento como El HormigueroViajando con Chester Sálvame. Han sido muchos los que le han criticado -“Que se dedique a buscar soluciones a los problemas de la sociedad española en vez de pasearse por platós televisivos”-, pero también ha habido un gran número de personas que le ha brindado su apoyo -“Necesitamos políticos que se acerquen a los ciudadanos, y los ciudadanos ven la televisión”. Lo cierto es que yo no voy a entrar en este debate ni voy a posicionarme, ya que no es lo que quiero tratar en este post, pero solo diré algo: Pedro Sánchez está consiguiendo que hablen de él, ya sea bien o mal, pero que hablen de él al fin y al cabo.

Fuente: Twitter @sanchezcastejon

Lo cierto es que el nuevo secretario general del PSOE llamó la atención de los medios desde el principio. De hecho, fueron bastantes revistas e incluso diarios “serios” los que hicieron alusión a su pulcro y cuidado físico. Destacaban que la imagen y la oratoria son dos atributos importantes e influyentes en la política -cosa que es cierta- y que, en este aspecto, Pedro había acertado de lleno. Pero, ¿y si Pedro Sánchez hubiera sido una mujer? Me explico: ¿y si en vez de un hombre alto y apuesto, el PSOE hubiera contado con una nueva secretaria general, una mujer de abundante melena, labios carnosos y pechos grandes? Sinceramente, creo que no hubiera recibido alabanzas precisamente. Por un lado estarían los comentarios machistas y vulgares del tipo “Qué buena está esta tipa” o “Vaya par de tetas tiene la nueva del PSOE”. En el caso de Pedro Sánchez, no he visto ni un solo comentario de este tipo (gracias a Dios). Sí, se ha podido decir que es un hombre guapo, pero no se han hecho comentarios groseros. E insisto en que es algo de lo que me alegro, pero creo que la situación hubiera sido bien distinta tratándose de una mujer. Por otro lado, tampoco hubieran faltado las voces que hubieran acusado a esta mujer política de “estar donde está por ser guapa”. Esto no es nuevo, porque es algo que también se dice en el ámbito empresarial, en el periodismo e incluso en Hollywood. Vamos a ver, ¿acaso una mujer bella no puede ser inteligente y trabajadora y llegar a donde está por mérito propio? ¿Por qué cuando se trata de un hombre no surgen este tipo de comentarios? Porque cuando vemos a un presentador guapo o, en este caso, a un político guapo, hablamos de él con admiración -“Anda, si encima de listo es guapo”, pero cuando se trata de una mujer, ya tiene que saltar el típico listillo (o listilla) que dude de sus capacidades y acuse a la mujer de haber conseguido ese trabajo haciendo otros “trabajitos” -este tipo de afirmaciones me dan hasta vergüenza mencionarlas-. ¡Ah! Y casi se me olvidaba. Tampoco faltarían los medios que analizarían el estilo de vestir de esta mujer política, criticando cada detalle, decidiendo las prendas que son adecuadas para ella, criticando una falda más corta de lo “normal” y juzgando su excesivo -o escaso- maquillaje. Y esto es triste porque la política es algo más que una pasarela de moda.

Seguramente muchos os preguntaréis que por qué me estoy adelantando a los hechos. A lo mejor, si Pedro Sánchez hubiera sido una mujer, no hubiera tenido un trato diferente por parte de la opinión pública. A lo mejor. Pero es algo que, por desgracia, dudo. Y lo dudo porque es algo que llevo viendo toda la vida. En cuanto una mujer política hace algo mal o toma una decisión que no nos gusta, el machismo invade los medios y las redes sociales. Que si “mujer tenía que ser”, que si “está donde está por ser mona”, que si “vaya tacones me lleva Esperanza Aguirre“, que si “Ana Botella es una enchufada“, que si “Susana Díaz es una mujer manipuladora”, que si “Michelle Obama debería permanecer en un segundo plano”, que si “Carla Bruni es una trepa” –esta columna sí que no tiene desperdicio- y un largo etcétera. Y eso me cansa. Hay mujeres políticas buenas y malas. Al igual que hombres políticos que hacen bien su trabajo, y otros que lo hacen mal. Y hay mujeres políticas con arrugas o gorditas, al igual que las hay con cuerpos esbeltos o a las que les gusta llevar vestido. Y hay hombres políticos calvos y otros con una cabellera de infarto. ¿Y qué? La imagen es solo una parte de nosotros. Y nadie, ya sea hombre o mujer, merece ser juzgado por ella.

¿En serio a alguien le importa que la jueza Alaya se haya casado con "escotazo"?

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Acerca de Lidia Baños

He estudiado Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y me gusta informarme e informar. Uno de mis retos es que todo el mundo tenga la posibilidad de conocer y comprender lo que es el feminismo y pueda llevarlo a la práctica para constituir un mundo mejor.
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