Malala, el Nobel del Feminismo


Hoy se cumplen 175 años del nacimiento de Francisco Giner de los Ríos, el hombre que impulsó la escuela laica, igualitaria y moderna en España. El malagueño ofreció así una alternativa a la enseñanza del momento, anclada en la tradición y fuertemente vinculada a la Iglesia. Gracias a él, la educación se tornó más accesible para todos y, hoy en día, los niños y niñas de España pueden (y deben) estudiar para formarse y labrarse un futuro. Sin embargo, no todos los niños del mundo pueden ejercer este derecho. Hay algunos infantes que son sometidos a durísimos trabajos en minas, campos o talleres. Otros, empuñan un arma teniendo todavía dientes de leche, convirtiéndose en ‘niños soldado’ o peones de grupos terroristas. Y, otros, son comprados y vendidos como mercancía o se convierten en víctimas del repugnante ‘turismo sexual’.

Si ser niño no es una tarea fácil en muchas zonas del mundo, ser niña lo es mucho menos. Esto es algo a lo que tenía que enfrentarse día a día Malala Yousafzai, una muchacha pakistaní que no comprendía por qué no podía ir a la escuela por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino. Pakistán es un país de leyes puramente machistas que justifican la violencia de género, entre otras cosas. Es un territorio en el que, cuando una mujer es violada, la condenada es ella, la víctima, por suponer una deshonra para su familia. Es una zona en la que muchas mujeres se esconden en burkas, no solo por las machistas tradiciones musulmanas, sino para ocultar sus rostros abrasados por ácido. Es una tierra en la que las mujeres son un cero a la izquierda, algo con lo que la joven Malala no se quiso conformar.

Imagen de Southbank Centre / Flickr Fotos Libres

Imagen de Southbank Centre / Flickr Fotos Libres

La lucha de Malala mereció la pena. No solo porque se ha convertido en un símbolo mundial de la lucha por el libre acceso de las mujeres a la educación, sino porque, con solo 17 años, se ha alzado como la ganadora más joven del Premio Nobel de la Paz. Su nombre ya se barajó en 2013, pero no resultó ganadora. No obstante, hoy se ha conocido la noticia de su merecida victoria, un galardón con el que también ha sido premiado Kailash Satyarthi, un activista indio entregado a combatir la explotación infantil.

Aunque ahora la vida de Malala es feliz, el camino no ha sido nada fácil. A pesar de las prohibiciones, del machismo y del terror presente en su país, la joven siempre ha querido estudiar, contando en todo momento con el incondicional apoyo de su padre. Pero no se conformó con eso. Ella quería que todos conocieran su lucha por una educación igualitaria, por lo que desde los 12 años narró la tremenda situación de su tierra en un blog para la BBC. Aunque fue perseguida por ello, jamás se rindió ante el miedo. Ni siquiera cuando en octubre del 2012, con tan solo 15 años, fue atacada en el autobús escolar por unos talibanes que, sin piedad, le dispararon en el cuello y en la cabeza. Sobrevivió, aunque tuvo que ser operada con urgencia. Su estado era muy grave y estuvo a punto de morir, pero incluso en esos momentos de debilidad y angustia, continuó luchando. Y lo consiguió. Las secuelas se dejaron ver en el lado izquierdo de su rostro y en su alma, pero aprovechó la admiración que había generado en personas de todo el mundo para seguir visibilizando la terrible situación que viven las mujeres en Pakistán. Ella podía cumplir sus sueños, pero sabía que otras chicas musulmanas no corrían su misma suerte y, por eso, jamás ha dejado de batallar por cada una de esas muchachas.

Es una noticia feliz que una feminista haya ganado el Nobel de la Paz de este año. Sí, porque aunque a muchos les produzca urticaria la palabra “feminismo”, Malala lo es. Malala es feminista porque cree en la igualdad, porque quiere que desaparezcan las barbaridades que sufren las mujeres pakistaníes y de todo el mundo, porque su objetivo es que la educación sea accesible a hombres y féminas por igual. Y, al reconocerse mundialmente la figura de Malala, también se visibiliza el movimiento feminista. Y quizá esto ayude a combatir la ignorancia y a que todos conozcan el auténtico significado de feminismo y se unan a la lucha, porque es una lucha de todos. Por todo esto, hoy el feminismo le da las gracias a esa niña de tez oscura y ojos encendidos: Malala.

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Acerca de Lidia Baños

He estudiado Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y me gusta informarme e informar. Uno de mis retos es que todo el mundo tenga la posibilidad de conocer y comprender lo que es el feminismo y pueda llevarlo a la práctica para constituir un mundo mejor.
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2 respuestas a Malala, el Nobel del Feminismo

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