El piropo: ¿halago o ataque?


Una mujer (rubia o morena, alta o baja, gruesa o delgada, blanca o negra) camina por la calle y, a la vuelta de la esquina, divisa un grupo de hombres. Se empieza a poner nerviosa y acelera el paso. Ya está a su lado y trata de no mirarles, pero no importa. “Eh, guapa”, dice uno. “¿Por qué tanta prisa?”, continúa otro. “No sabes lo que te haría yo en esas piernas”, prosigue otro, aumentando la soeza de los comentarios. La mujer finge no escuchar estos “piropos”. Se coloca los auriculares y camina aún más deprisa. Inexplicablemente, es ella la que se siente avergonzada, a pesar de que han sido ellos los groseros y los que le han dedicado unos “piropos” que ella no ha pedido. Han juzgado su físico sin conocerla de nada y sin consentimiento. Y, a pesar de todo, es ella la que se siente mal. Por no saber aceptar estos “piropos”, quizá. O por haber captado su atención. Y después llega la sensación de impotencia, impotencia por no haberse atrevido a replicar, por no haberles dejado claro que nadie tiene por qué comentar nada acerca de su cuerpo. Pero en el fondo es consciente de que la próxima vez que se encuentre en una situación parecida, también se subirá la cremallera de la chaqueta, caminará más rápido y fingirá no escucharles. Y volverá a sentirse la culpable de la historia.

mujerpiropo

Que levante la mano la mujer que se haya visto alguna vez en una situación similar. Veo muchas manos alzadas, ¿eh? Y no me extraña nada. Somos muchas mujeres las que podríamos haber sido las protagonistas del relato anterior. Somos muchas las que, alguna vez, nos hemos sentido intimidadas en plena calle por un hombre (o por varios de ellos). Y somos muchas las que, en muchas ocasiones, hemos recibido “piropos” no deseados. “Piropos” sobre nuestra cara, nuestro culo o nuestras tetas, provenientes de hombres que no nos conocían de nada pero se han visto en el derecho de comentar nuestro aspecto físico. Incluso, muchos de esos piropos contenían amenazas sexuales veladas. Y, para colmo, las que nos hemos sentido mal hemos sido nosotras. En plena calle. O en el autobús. El lugar es lo de menos. Y, claro, si alguna vez nos atrevemos a quejarnos de esta situación, corremos el riesgo de ser tachadas de locas o hasta de desagradecidas (“Oye, no seas así, encima que te dicen un piropo…”). Eso sin contar a aquellos que dirán que “nos lo hemos buscado”“Entonces, ¿para qué te pones escote?”. “Si paseas en minifalda ante un grupo de chicos te expones a eso”. “Pues no te maquilles ni te arregles tanto”. Claro, efectivamente, es nuestra culpa. No sabía que si nos compramos una minifalda bonita, lo hacemos para que nos miren y piropeen nuestras piernas y no por el simple hecho de vernos guapas o estar a gusto con nuestra falda y con nuestro cuerpo. Y si llevamos escote, no nos podemos quejar si nos miran las tetas y nos lanzan comentarios ofensivos sobre ellas. Si es que somos unas provocadoras y encima desagradecidas, ya nos vale…

A pesar de todo, ha habido una mujer que ha querido denunciar públicamente esta situación que viven cada día muchas mujeres. Ella es Ángeles Carmona, la presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género del Consejero General del Poder Judicial (CGPJ). Lo que ha pedido es que se erradique el piropo por suponer una invasión a la intimidad a la mujer. Simplemente ha pedido que se acabe con el acoso en las calles, con la intimidación de las mujeres. Pero la respuesta ha sido, cuanto menos, negativa. Mujeres y hombres se han llevado las manos a la cabeza, tachándola de loca, feminazi y reprimida. Lo llamativo es que, incluso, muchos han dirigido hacia ella ataques machistas del tipo “Cómo se nota que nunca te han dicho un piropo”. Claro, si Carmona hace esta demanda y pide respeto para las mujeres es porque es una fea que tiene envidia de nunca haber recibido piropos. Otros, en cambio, le han recriminado que haya pasado por el cirujano o que se maquille. Claro, es que una mujer que cuida su aspecto físico no tiene derecho a quejarse de los piropos (volvemos al razonamiento de “nos lo hemos buscado”). Y para más inri, otros le han dedicado “piropos” obscenos y hasta amenazas sexuales. Como veis, siempre atacando con lo mismo, viendo a la mujer como un mero objeto sexual. Y, por supuesto, tachando esta propuesta de “disparate” (“una mujer que denuncia el machismo o el acoso es una loca o exagerada”, se me olvidaba esa tesis).

Ángeles Carmona, la "exagerada y loca" en cuestión (Fuente: RNE / Twitter)

Ángeles Carmona, la “exagerada y loca” en cuestión (Fuente: RNE / Twitter)

Estas cosas me hartan y me enfurecen. Me indigna ver cómo se critica a una mujer que hace su trabajo, que simplemente ha hecho una propuesta, que ha denunciado una situación machista que sufren muchas mujeres. Me fastidia ver cómo lo más fácil es tacharla de loca o jugar su físico. Y lo que más me duele es que los intolerantes autores de los ataques son tanto hombres como mujeres. Mujeres que seguramente hayan vivido alguna vez una situación parecida, pero a pesar de ello insultan a aquellas que sí se atreven a denunciarlo de forma pública y tratan de cambiar las cosas. Ah, y para los que le preguntan a Ángeles Carmona que por qué solo habla de mujeres y no denuncia los piropos hacia hombres, les lanzo yo una pregunta: ¿de verdad habéis visto esa situación alguna vez? No digo que jamás ningún hombre en el planeta se haya podido sentir intimidado por los piropos de una mujer, pero es una posibilidad muy remota. De hecho, si un hombre fuera caminando por la calle y un grupo de mujeres empezara a gritarle y a piropear su culo o su “paquete”, nos parecería una situación de lo más extraña y escandalosa. Entonces… ¿por qué con las mujeres sí lo vemos normal? El día que sepamos responder a esta pregunta, quizá las cosas empiecen a cambiar.

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Acerca de Lidia Baños

He estudiado Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y me gusta informarme e informar. Uno de mis retos es que todo el mundo tenga la posibilidad de conocer y comprender lo que es el feminismo y pueda llevarlo a la práctica para constituir un mundo mejor.
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4 respuestas a El piropo: ¿halago o ataque?

  1. elicabeza dijo:

    Bravísima! Lo has clavado! Tal cual!!!

  2. sara dijo:

    Espectacular tu artículo, muestra como nos sentimos muchas mujeres. El problema, como bien dices, es que si nos quejamos nos tachan de locas…en fin

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