Micromanadas


Hoy España está de luto. La sentencia a La Manada, ese grupo de energúmenos que violaron a una joven entre todos en los Sanfermines de 2016, ha acabado en 9 años de condena. Así de barato sale violar en España. Aunque para los jueces no es violación, sino “abuso sexual continuado”. Bonito eufemismo para aludir a una tortura a una chica borracha, paralizada, en shock.

Lo peor de todo esto no es que estos jóvenes salgan de la cárcel en 9 años (o en menos, si se reduce la condena). Lo peor no es ni siquiera que vuelvan a cometer una barbaridad así con otras chicas. Lo peor es que esta sentencia ha sentado un precedente en nuestro país: si no te resistes, no es violación. Pero si te resistes… puedes acabar en la tumba, como Diana Quer.

Pero hay algo aún peor que todo esto. Imaginaos a una mujer violada en una discoteca. O por un compañero de trabajo. O hasta por un amigo. Él ha abusado de ella y ella no ha podido hacer nada para evitarlo. ¿De verdad creéis que se va a atrever a denunciar? No. Más bien, pensará: “Sí a la víctima de La Manada no la han creído a pesar de haber pruebas como vídeos o mensajes en WhatsApp, a pesar de que los condenados tenían antecedentes, a pesar de que contaba con el apoyo social… ¿quién me va a creer a mí?

Pero, eh, esperad. Que hay más. Sí, sí. Hay algo AÚN PEOR que todo esto. Y son las micromanadas. Son esos cavernícolas que comentan en foros y en Twitter que “se está juzgando a unos inocentes”, que “no todos los hombres son iguales”, que “las feminazis son unas exageradas”. Es ese señor del bar que dice que “a lo mejor fue sexo consentido”, que “eso no se sabe”, que “quién le mandaría a ella irse con 5 tíos a un portal”. Es ese hombre que te silba por la calle, te murmura (o te grita) un piropo o te mira los pechos porque “para algo llevas escote, ¿no?”. Es ese colega que hace chistes machistas y, cuando tú te enfadas, te dice “que no tienes humor”, que “solo son bromas”, que “no seas una amargada”, que “te hace falta un buen polvo”. Las micromanadas son esos grupos que destilan odio, que utilizan la palabra “feminazi”, que quieren verte callada. Quieren que no grites, como hizo la víctima de La Manada presa del pánico. Porque si gritas, quizá no vivas para contarlo. Pero… ¿sabéis qué? Nos arriesgaremos. Por todas las que gritaron antes de nosotras y por las que no pudieron hacerlo. Por Nagore, por Diana, por Marta del Castillo. Por nosotras, la verdadera manada.

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Ilustración de Eneko las Heras.

Acerca de Lidia Baños

Periodista. Feminista incansable.
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