Esas chicas de la playa


Estoy en la playa y, de repente, las veo llegar. Es un grupo de cuatro chicas, cuatro amigas de unos 17-18 años. Caminan hablando y riendo, felices de pasar la tarde juntas en el mar. Sacan las toallas de sus bolsas, las extienden sobre la arena y, entonces, todas ellas captan mi atención.

Carla

La morena de la coleta baja se llama Carla (o, al menos, así decido llamarla yo en mi mente). Tiene unos ojos preciosos y al sonreír se le forman hoyuelos en las mejillas. Pero al fijarme más, me doy cuenta de que la sonrisa pronto abandona sus ojos. ¿Por qué mira tanto a su alrededor? ¿Por qué de repente parece tan tensa? Agacha la mirada y se quita el pareo muy rápidamente. Lo mismo hace con su top de flores. Apenas me da tiempo a ver su bikini, pues rápidamente se sienta y se tapa con una toalla disimuladamente (o quizá no tanto…). Una vez que sus muslos y su vientre están cubiertos, respira tranquila. Ya nadie puede juzgarla.

Eva

Eva tiene un pelo precioso, muy largo y dorado. Es alta y esbelta, y al quitarse el vestido deja ver un trikini rojo espectacular que le sienta como un guante. Parece feliz con él. Pero, entonces, su rostro se contrae. Acaba de ser consciente de que varias miradas se han posado en ella. Hay un hombre de unos 40 años que la observa sin reparo. También hay un grupo de chicos mirando y comentando el tamaño de sus senos. Y a esto se suman un par de chicas que pasean por la orilla dedicándole miradas inquisidoras, que parecen cuestionar si el trikini muestra demasiado o no.

Marta

Ella es la que más se ríe de las cuatro. No deja de hacer bromas y no tarda en quitarse la camiseta y el sostén. Ante la mirada atónita de algunos grupos de jóvenes y mayores, Marta deja al descubierto sus pechos blancos. Aunque es el siglo XXI, a muchos les sigue incomodando ver los pezones de una mujer. A Marta parece no importarle, hasta que se da cuenta de que algunos ojos no se dirigen a su pecho, sino a sus axilas. Hace un tiempo decidió no depilarse esa zona, ni tampoco las piernas. Es una chica segura de sí misma, pero ahora que es el blanco de todas las miradas y de algún que otro desagradable comentario sobre su vello, su autoestima parece tambalearse…

Laura

Todas sus amigas se han quedado en ropa de baño menos Laura. Pero no tarda en hacerlo. Su bikini tropical de la talla 38 le sienta muy bien. Es consciente de que nadie pensará que está gorda, ni que es demasiado provocativa, ni que no es lo suficientemente femenina. Se ajusta a la norma, cumple los cánones. Pero le cuesta lo suyo. Con disimulo, se coloca la braguita para tapar sus incipientes estrías. También tiene un poco de celulitis, pero saber cómo sentarse para disimularla. Ahora ya está lista para pasar desapercibida, para ser la mujer que todos quieren que sean. O eso cree.

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Todos hemos visto a esas chicas de la playa. Quizá no se llamen Carla, Eva, Marta y Laura, sino Mónica, Sara y Jessica. Quizá las hayas visto en la piscina pública, o en un pantano. Y quizá una de ellas seas tú, o tu mejor amiga, o tu hermana pequeña. Sea como sea, la discriminación hacia las mujeres permanece. No importa si pesas 70 kilos o si tienes una cintura fina: es muy probable que te acaben criticando. Y épocas como el verano sacan a relucir más que nunca este machismo, este quiste que nos oprime y nos hace sentir más inseguras.

Por eso, seas quien seas, te parezcas más a Carla o a Laura, decidas depilarte o no, tengas los muslos gruesos o las piernas finas, lleves bañador o hagas topless, recuerda que nadie tiene derecho a juzgarte. No te escondas tras la toalla ni te avergüences de tu cuerpo. No eres culpable de las miradas de lascivia, de los insultos ni de las críticas. Ama tu cuerpo y disfrútalo.

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Acerca de Lidia Baños

He estudiado Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y me gusta informarme e informar. Uno de mis retos es que todo el mundo tenga la posibilidad de conocer y comprender lo que es el feminismo y pueda llevarlo a la práctica para constituir un mundo mejor.
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