¿Es feminista la nueva versión de ‘La Bella y la Bestia’?


“Se oye una canción que hace suspirar…”

Es difícil no emocionarse al volver a escuchar las primeras notas del tema principal de ‘La Bella y la Bestia’. Pero, nostalgia aparte, hay muchas otras razones por las que quería ver la nueva versión del clásico de Disney dirigida por Bill Condon y protagonizada por Emma Watson y Dan Stevens. Mi pregunta era la siguiente: ¿se trata de un remake en carne y hueso realmente feminista o seguirá conservando el trasfondo machista de la versión animada?

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Empecemos primero con lo malo: sí, el machismo inicial de ‘La Bella y la Bestia’ sigue presente. Después de todo, la trama sigue consistiendo en el secuestro de una mujer por parte de una bestia para que ella se enamore de él y rompa su hechizo. Además, la premisa de que “la belleza está en el interior” solo se aplica a la Bestia, pues Bella es representada como la joven más hermosa de su aldea, algo a lo que hace referencia hasta su nombre. De hecho, si Gastón (el macho alfa del pueblo y el más deseado) se fija en Bella no es precisamente por su inteligencia y su pasión por la lectura, sino por su bonito rostro y su esbelta figura. A lo largo de la película, Gastón hace referencia al aspecto físico de Bella en varias ocasiones e, incluso, asegura que los hijos de ambos serían muy guapos.

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Sin embargo, la nueva película cuenta con muchos aspectos positivos. Si Emma Watson aceptó el papel de Bella fue porque pudo introducir algunos cambios en el guion, como por ejemplo que Bella pudiera llevar unas cómodas botas en vez de delicadas manoletinas o zapatos de tacón para pasear por su aldea rural. Y relacionado también con el vestuario, hay una escena en la que Bella se despoja de un aparatoso vestido y una incómoda peluca llena de lazos diciendo que ella no es una princesa. Sin duda, una pequeña gran revolución para la Francia del siglo XVIII en la que se ambienta la película.

Otro punto a favor de la nueva Bella es que su alto nivel cultural es aún más evidente. No solo es que aparezca leyendo mientras entona canciones Disney en las calles de su pueblo, sino que esta vez la escuchamos hablar sobre clásicos de la literatura como ‘Romeo y Julieta’ de Shakespeare. También podemos verla ayudando a su padre en la reparación de relojes y hasta ideando un mecanismo para hacer la colada sin mover un dedo. Por otra parte, la Bella de Emma Watson es más valiente y no la vemos temblar ni un solo momento ante las amenazas y el fiero aspecto de la Bestia. Es una mujer decidida que salva nada más y nada menos que a dos hombres: a su padre y a la propia Bestia.

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Pero el feminismo no solo se deja ver en el personaje Bella. Si analizamos la propia aldea en la que la protagonista reside con su padre, observamos mucha más diversidad. Por ejemplo, hay varios personajes de raza negra, entre ellos el cura del pueblo. También destaca la presencia de al menos dos homosexuales, entre ellos Le Fou, el inseparable amigo de Gastón. Aun así, la mentalidad machista impera en un pueblo en el que todos ven a las mujeres que no se casan como “solteronas” y “fracasadas”, algo que no parece importarle a Bella, que está ocupada en enseñar a leer a algunas niñas, lo cual desagrada a algunos hombres de la aldea, que temen que las mujeres lean, escriban y piensen. Eso no es tan diferente a la actualidad, ¿verdad?

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Esto es lo que he aprendido siendo feminista


El día que conoces el feminismo y te atreves a pronunciar “Sí, soy feminista”, tu vida cambia. Algo se activa en tu interior y, desde ese momento, sabes que ya no podrás volver a mirar el mundo de la misma forma en la que lo has hecho antes. Te has puesto las gafas violetas y ya no te las puedes quitar (ni quieres hacerlo). Has emprendido un nuevo camino de evolución personal, lucha y aprendizaje.

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Desde que soy feminista declarada, he aprendido muchas cosas. Entre ellas, he aprendido a abrir más mi mente día a día. Cuestiono las cosas, disiento, rebato, me informo, opino, debato y aprendo. Sobre todo, aprendo.

Como ya dije una vez, todos somos machistas, aunque en distintos grados. Hemos crecido bajo la influencia de una cultura patriarcal y ese rastro no se borra de un día para otro. Incluso al principio, cuando me inicié en el feminismo, decía cosas como que existe el hembrismo (y no, no existe ningún sistema que defienda la supremacía de la mujer respecto al hombre) o que no hay nada peor que una mujer machista (cuando sí que hay algo peor, que es el propio machismo del que todas las mujeres, incluso las que conservan valores machistas, son víctimas).

Sin embargo, poco a poco vas aprendiendo. Aprendes de otras personas, de otras mujeres y de sus experiencias. Incluyes términos feministas en tu vocabulario y, sobre todo, te percatas de situaciones machistas que has vivido a lo largo de tu vida y que, hasta el momento, habías ignorado. Despiertas y tu mente se abre. Todo cambia.

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Descubres conceptos maravillosos como la sororidad. Te sientes parte de una lucha y aprendes a librarla con tesón y orgullo. Sufres, porque hay muchas fuerzas en tu contra, pero no te rindes. Mejoras tu manera de expresarte y defender tus ideas. Tu autoestima crece. Buscas el aprendizaje en todo debate e ignoras los comentarios ofensivos que nada te aportan, como aquellos que te tildan de exagerada o radical. Creces.

Sí, gracias al feminismo he aprendido muchas cosas. Y gracias al feminismo sigo aprendiendo cada día.

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Barbie: ¿Juguete sexista o muñeca feminista?


Esta semana he visitado la primera exposición dedicada a la muñeca Barbie en España. ¿Por qué? Porque siempre me ha gustado mucho Barbie. Cuando era pequeña, no tardé en darme cuenta de que el hacer de madre de Nenucos no era lo mío. Me gustaba mucho más imaginarme mil aventuras con mis Barbies, cambiarlas de ropa y llevarlas a pasear en su New Beetle color fucsia. Sí, esa es mi infancia.

Sin embargo, como mujer feminista se me plantea un conflicto. ¿Acaso no es Barbie un juguete sexista? ¿O en realidad es una muñeca que representa el empoderamiento femenino y que hace que las niñas aspiren alto? Reconozco que no puedo dar una respuesta tajante a esto, pero sí analizar tanto los aspectos sexistas como feministas de una muñeca icónica que acompaña a la sociedad desde 1959.

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BARBIE Y EL SEXIMO

– Si tuviéramos que definir a Barbie de forma numérica, sería así: 90-60-90. Estas son las medidas que han regido desde sus inicios el universo Barbie. Piernas infinitas, pechos generosos, cintura de avispa y melena larga y rubia; así es el (inalcanzable) ideal de belleza que ha vendido Mattel con Barbie desde su creación en los años 50. Algo que, sin duda, es muy dañino para niñas y adolescentes que dejan de sentirse a gusto con su físico por no parecerse a su adorada y perfecta muñeca.

– Otro de los enormes errores de Barbie es que ha difundido una idea de feminidad estereotipada y dañina. Para ser la chica perfecta ya no solo basta con ser alta y delgada, sino que hay que ser muy fashion, llevar tacones, maquillarse y amar el color rosa. Según los valores de Barbie, eso es lo femenino y lo que deben hacer las niñas. De ahí a que se hayan vendido tantas Barbies princesas, hadas vestidas de malva y muñecas fashionistas con largas cabelleras que peinar. Y no, la moda no es mala y tampoco hay nada de reprochable en que te guste el color rosa, pero simplemente debería ser una elección libre, no algo impuesto como ‘femenino’.

– Y, por último, comparto con vosotros el que para mí ha sido el fallo más grave de Barbie: siempre se ha presentado como un juguete “para niñas”. Sí, siempre se ha dirigido a las niñas en femenino y en sus anuncios publicitarios invadidos por el color rosa chicle siempre hemos visto a chicas. No hay nada que alimente más a los roles de género que eso. No deberían existir juguetes “de niños” y “de niñas”. Si un muchacho quiere jugar con una Barbie, adelante. Si una niña quiere jugar con un coche de carreras, adelante también.

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BARBIE Y EL FEMINISMO

– Barbie es la gran protagonista de la marca Mattel e incluso de la industria juguetera en general. Es una mujer poderosa, con más de medio siglo de historia. En el universo Barbie, todo gira en torno a ella, incluso Ken. Que un personaje femenino acapare tanto protagonismo, sin duda es una buena noticia.

– Ya no se trata solo de que Barbie sea un icono femenino muy famoso, sino de que es una mujer independiente, trabajadora y con aspiraciones. Esto se puede observar muy bien en la gama de profesiones que ha desempeñado la muñeca. En sus primeros años, se trataban de oficios relacionados con el mundo de la moda como peluquera, modelo o editora, además de otras profesiones muy feminizadas como la enfermería. No obstante, la serie de profesiones se fue abriendo más con el paso del tiempo a otros oficios tradicionalmente identificados con el sexo masculino como la Barbie policía, la Barbie bombera, la Barbie astronauta y la Barbie soldado. Incluso, Barbie aspiró a ser presidenta de Estados Unidos mucho antes que Hilary Clinton, concretamente en 1992.

– Ha habido que esperar mucho, sí, pero por fin en 2016, Mattel lanza su Barbie curvy. Concretamente, saca al mercado una gama de Barbies con tres tipos de cuerpo distintos (alta, baja y con curvas), siete tonos de piel y veintidós colores de ojos.

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En definitiva, creo que la muñeca Barbie tiene sus pros y sus contras en lo que a feminismo se refiere. Por un lado, a veces ha actuado como un juguete sexista fomentando roles de género, cánones de belleza y una idea de la feminidad muy estereotipada. Y, por otro lado, Barbie ha sido una mujer poderosa que persigue sus sueños, ya sea ser bailarina como científica o astronauta. Las niñas, a las que les habían vendido la idea de que el mejor pasatiempo era jugar a las cocinitas y prepararse para la maternidad cuidando bebés de plástico, de repente pudieron crear sus propias aventuras de la mano de Barbie y sus amigas. Aunque aún queda mucho por avanzar (por ejemplo, ampliar la gama de cuerpos de Barbie), yo sí que diría que Barbie ha contribuido a la lucha feminista a su manera.

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Ciclo de cine feminista: 7 geniales películas dirigidas por mujeres


Tengo que confesaros que me encanta la temporada de premios cinematográficos (los Goya, Los Bafta, los Oscars, etc.) y… ¿qué mejor forma de celebrarlos que con un ciclo de películas de mujeres directoras?

Las actrices de Hollywood (y del resto de industrias cinematográficas) se enfrentan a la discriminación machista materializada en, por ejemplo, una indignante desigualdad salarial respecto a sus compañeros varones. Sin embargo, la situación de las mujeres directoras de cine tampoco es muy halagüeña, ya que gozan de un reconocimiento social aún menor. Por ello, hoy me gustaría recomendaros algunos títulos de ayer y de hoy para que disfrutéis de un maratón de buenas películas dirigidas por mujeres:

1. Las vírgenes suicidas (1999) – Sofia Coppola
Sofia Coppola es mucho más que “la hija de Francis F. Coppola”. Tiene a sus espaldas originales películas como ‘Lost in translation’ (2003) o ‘María Antonieta’ (2006). Recientemente he podido visionar otro de sus títulos que tenía pendientes: ‘Las vírgenes suicidas’. En esta cinta que ya es todo un clásico, Sofia explora la identidad y psicología femenina de la mano de sus protagonistas, entre las que destaca una adolescente Kirsten Dunst.

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2. El Olivo (2016) – Icíar Bollaín
Una estupenda característica del cine español es la abundancia de increíbles mujeres directoras como Isabel Coixet, Gracia Querejeta o Icíar Bolláin. ‘El Olivo’ es una historia sencilla pero muy enternecedora sobre el valor de la familia y, sobre todo, de la figura de los abuelos. Merece la pena desconectar de la rutina y sumergirse en este bello relato.

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3. Requisitos para ser una persona normal (2015) – Leticia Dolera
Otra directora española interesante es la también actriz Leticia Dolera. Es fácil reír y empatizar con ‘Requisitos para ser una persona normal’, una comedia entrañable y con una estética cuidada hasta el más mínimo detalle.

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4. American Psycho (2000) – Mary Harron
Los roles de género hacen que a algunos les resulte extraño que la sangrienta ‘American Psycho’ esté dirigida por una mujer, pero es así. La obra en la que Christian Bale más ha brillado en su carrera pertenece a Mary Harron, que nos regaló una macabra película de culto.

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5. Mustang (2015) – Denize Gamze Ergüven
‘Mustang’ es una película feminista imprescindible que se adentra en el drama que viven muchas jóvenes turcas, educadas para preservar su honra y convertirse en sumisas esposas. Incómoda e inspiradora, así es la ópera prima de Denize Gamze Ergüven.

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6. Selma (2014) – Ava DuVernay
El racismo sigue siendo una lacra en Estados Unidos, por lo que películas como ‘Selma’ son más necesarias que nunca para remover conciencias e intentar no repetir los errores del pasado.

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7. La Novia (2015) – Paula Ortiz
Para mí, es una de las mejores películas españolas de todos los tiempos. Esta adaptación de ‘Bodas de sangre’ de Lorca es un relato poderoso que, unido a una fotografía casi irreal, le arranca el corazón a cualquier espectador. Gracias, Paula.

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La doble discriminación de las mujeres negras en ‘Figuras ocultas’


En plena temporada de premios cinematográficos (BAFTA, Oscars, Golden Globes, etc.), hay una película que me gusta y emociona especialmente: ‘Figuras ocultas’ (‘Hidden Figures’). Antes de compartir con vosotros su sinopsis, echad un vistazo a esta imagen del film:

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En la fotografía podemos ver a un grupo de trabajo de la NASA compuesto por 30 personas. De esas 30 personas, solo hay una mujer. Además, de esas 30 personas, 29 son blancas y únicamente una es de raza negra. Llamativo, ¿verdad?

En los años 60 (y, por desgracia, a veces también en la actualidad), esta imagen no resultaba extraña. ‘Figuras ocultas’ narra la historia real de tres mujeres negras que trabajaron en importantes proyectos espaciales de la NASA, como la puesta en órbita del astronauta John Glenn. Es importante tener en cuenta que las tres protagonistas de la historia, así como el resto de sus compañeras afroamericanas, sufrían una doble discriminación. Por un lado, eran víctimas del machismo por el hecho de ser mujeres y, por otra parte, su vida y su trabajo estaban condicionados por el racismo imperante en unos Estados Unidos marcados por la segregación racial. Es decir, si las mujeres blancas tenían estaban encerradas bajo un techo de cristal a la hora de ascender laboralmente, las mujeres negras se enfrentaban a un techo de acero.

En mi opinión, apenas se le pueden poner pegas a ‘Figuras ocultas’, pues es un biopic muy fiel que en todo momento refleja la discriminación que sufrieron Katherine Johnson, Mary Jackson y Dorothy Vaughn en ámbito laboral y personal por el hecho de ser mujeres negras. Sin embargo, quién sí ha fallado ha sido FOX a la hora de promocionar el film, como bien explica la activista feminista NegraFlor en su canal de Youtube.

NegraFlor explica que, a pesar de que facilitó a FOX nombres de activistas e intelectuales negras residentes en España, al preestreno de la película únicamente acudieron mujeres blancas como Juana Macías o Rossy de Palma. A pesar de tratarse de una película sobre mujeres negras, la única mujer negra presente en el evento fue la empresaria y conferenciante Bisila Bokoko. (En el vídeo de NegraFlor podréis ver imágenes de dicho evento).

En el anterior post del blog hablé sobre el concepto de sororidad y esa es precisamente una de las soluciones al problema. Como mujeres, estamos juntas en la misma batalla: derribar el patriarcado. Pero también hay que tener en cuenta que aunque todas las mujeres (desde una mujer blanca universitaria hasta la madre de una aldea africana) tengamos en común ser víctimas del machismo, dentro de ese machismo hay grados, y la guerra no es la misma para todas. Hay mujeres que lo tienen mucho más difícil que otras. Ese es el caso de las protagonistas de la película, que eran figuras ocultas, mujeres apartadas y discriminadas tanto por su género como por su color de piel. No sigamos ocultándolas.

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Sororidad, el motor del feminismo


La sociedad actual cada vez es más consciente de que el feminismo es un movimiento necesario y que cada vez cuenta con más ‘adeptos’ activos. Gracias a Internet, tenemos acceso a mucha más información sobre feminismo de la que tenían nuestros padres, aunque también somos un blanco más fácil si cabe para los ataques machistas. Nos tildan de locas, exageradas, radicales y hembristas. Desprestigian una lucha de siglos de Historia que, en nuestros días, está cobrando más fuerza que nunca. ¿La solución? Estar unidas, aliarnos, apostar por la sororidad.

Y es que la sororidad, un concepto del que seguro que habéis oído hablar, es precisamente eso, una alianza entre mujeres contra el patriarcado y el machismo. La académica mexicana Marcela Lagarde definía el término como “amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”.

Las mujeres podemos ser muy diferentes entre nosotras: jóvenes, ancianas, heterosexuales, homosexuales, bisexuales, altas, bajas, delgadas, gruesas, de raza negra, caucásicas, católicas, musulmanas, ateas, universitarias, amas de casa, directivas, solteras, casadas, madres, rubias, morenas, pelirrojas… Pero hay algo que nos une, y eso es la opresión que hemos sufrido a lo largo de la Historia por el hecho ser mujeres, el sistema patriarcal que aún sigue existiendo. Cada vez que una mujer es asesinada en un caso de violencia machista, nos afecta a todas. Cada vez que una mujer es acosada sexualmente, nos afecta a todas. Cada vez que una mujer es juzgada por su forma de vestir o comportarse, nos afecta a todas. Cada vez que una mujer cobra un sueldo menor al de su compañero varón, nos afecta a todas. Cada vez que una mujer es sexualizada en la publicidad o en los medios de comunicación, nos afecta a todas. Todas somos compañeras y lo que nos une es la sororidad, es decir, la empatía que sentimos las unas hacia las otras y nuestro compromiso con el feminismo.

Me gusta pensar que todas las mujeres del mundo, por muy distintas que seamos, tenemos una conexión especial. Me gusta pensar que mis sueños no son tan distintos a los de Cleopatra, Virginia Woolf o Marilyn Monroe. Me gusta pensar que formo parte de un pacto, que camino sobre la misma senda que Meryl Streep, la pediatra de mi barrio o la mujer más anciana de una aldea africana. Me gusta pensar que, si unimos fuerzas, no habrá nada que pueda pararnos.

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10 deseos feministas para 2017


2016 se acaba dando guerra hasta sus últimos días. Y es que en la última semana del año han fallecido George Michael, Carrie Fisher y Debbie Reynolds, tres personajes importantes para el feminismo, cada uno en su ámbito y labor. Sea como sea, queremos despedirnos de 2016 de la forma que se merece, y eso es compartiendo (y reclamando) nuestros deseos feministas para el año que está a punto de llegar, 2017.

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1. Fin de la violencia machista
La violencia machista es una auténtica lacra tanto a nivel global como en nuestro país. Quizá por eso este primer deseo pueda parecer utópico, pero es nuestra obligación como sociedad luchar por combatir este problema. Es alarmante que sigan muriendo mujeres por el mero hecho de ser mujeres, y para acabar con esto es esencial que concibamos este tipo de violencia como un problema estructural de la sociedad frente al que debemos concienciarnos y unir nuestras fuerzas.

2. Igualdad de oportunidades para niños y niñas
A día de hoy, el hecho de nacer mujer puede condicionar la vida y el futuro de una persona. Los matrimonios forzosos, las leyes sexistas de algunos países o la propia violencia machista son algunas de las cuestiones que afectan a muchas mujeres desde niñas en todo el mundo.

3. Adiós a los estereotipos
Relacionado con el deseo anterior, otro de nuestros principales objetivos ha de ser que desaparezcan los estereotipos que nos condicionan desde la infancia. Debemos basar la educación en valores de igualdad y tolerancia, y no en roles de género absurdos que establecen que, por ejemplo, las mujeres deben ser sumisas y los hombres deben ser duros e insensibles.

4. ¿Desigualdad salarial? No, gracias
No es justo que una mujer cobre menos que un hombre por razón de género. Y, aunque parezca algo escandaloso, es algo que sigue sucediendo en muchos sectores laborales. Por citar un caso público, en el mundo del cine son muchas las actrices que han denunciado desigualdad salarial, como es el caso de las actrices Patricia Arquette, Charlize Theron o Jennifer Lawrence.

5. Romper el techo de cristal
Otra de las injusticias de género del ámbito laboral es el techo de cristal, es decir, las barreras que dificultan a las mujeres el acceso a puestos de responsabilidad en las empresas. Aunque en este blog hemos hablado concretamente sobre esta problemática en el sector periodístico, la realidad es que es un problema transversal.

6. Feminización de la política
Para una sociedad igualitaria, es necesario que en los puestos de poder públicos haya paridad. Necesitamos más mujeres líderes y con cargos de influencia en la política para tener gobiernos más justos y feministas. Si no hay equidad de género en el poder político, es difícil que la lucha contra el machismo sea una de las prioridades de los gobiernos. Recordaremos 2016 como el año en el que Estados Unidos, una de las mayores potencias mundial, pudo tener a su primera presidenta mujer pero acabó quedándose con un candidato misógino y racista.

7. Fin del machismo en el deporte
El deporte femenino debe tener el protagonismo y la consideración que se merece y, además, hay que erradicar el machismo existente en el mundo deportivo tanto a la hora de informar sobre deporte femenino como en las propias organizaciones deportivas, un sexismo que hemos observado este mismo año en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

8. Una apuesta por una cultura inclusiva
No nos cansamos de repetir la influencia que tiene la cultura en la sociedad y en lo importante que es que existan productos culturales que difundan buenos valores. Aunque cada vez estamos avanzando más en este terreno, es importante que ‘nazcan’ más personajes femeninos fuertes y libres de estereotipos en el cine o en las series.

9. Más castigos para ofensas y censuras machistas
Internet ha traído muchas cosas buenas y hay que reconocer que es un espacio muy beneficioso para el activismo feminista. Sin embargo, el anonimato que facilita la Red hace también hayan más ataques, ofensas e insultos a personas y colectivos feministas a través de las redes sociales. En vez de censurar imágenes en las que aparecen pechos femeninos o madres amamantando a sus hijos, habría que centrarse en que estos ataques machistas no quedaran impunes y en eliminar los contenidos verdaderamente dañinos: páginas, blogs y perfiles que incitan al odio, que sexualizan a las mujeres y que desprestigian el feminismo.

10. Feminismo sin complejos
En pleno siglo XXI, ser feminista no es fácil. Aún hay muchas personas que desconocen (o fingen hacerlo) el verdadero significado del feminismo. Y esto debe cambiar. Necesitamos más políticos que se declaren abiertamente feministas, como Justin Trudeau, Barack Obama o Alberto Garzón. También deben comprometerse con el feminismo y pronunciar sin miedo la palabra otras figuras públicas. Toda la sociedad, sin importar su género, raza o sexualidad, deben ser feministas. Hay que hablar de feminismo, debatir y aprender. Hay que pronunciar el término sin miedo. Hay que luchar contra los prejuicios. Hay que ser feminista sin complejos.

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Sobre el caso Jorge Cremades: ¿Es machista Youtube?


Raro es el día en que Jorge Cremades no es Trending Topic en Twitter. Y raro es el día también en que no me enfada la razón por la que es Trending Topic. Vivimos en un mundo en el que la televisión ‘tradicional’ ha quedado relegada a un segundo plano y en el que cada vez consumimos más información, humor y entretenimiento a través de plataformas como Youtube. Jorge Cremades comenzó su andadura en Vine, pero después también empezó a subir vídeos a Youtube y sus seguidores en redes sociales se cuentan a miles. Precisamente por esos miles (en Facebook más de 5 millones) de fans que consumen sus vídeos a diario, me enfada y me preocupa que gran parte de su ‘humor’ se base en el machismo o en explotar los estereotipos de género.

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En los vídeos de Jorge salen muchas mujeres, muchísimas. Y, en la mayoría de las ocasiones, aparecen representadas como “novias celosas”, “amigas pesadas” y, en definitiva, mujeres obsesivas, consumistas y controladoras. Por otro lado, también vemos a hombres primarios cuya única motivación en la vida es el sexo y que creen que llorar, ser sensibles o sujetar el bolso a una amiga es de “mariquitas”. Ese es el mundo que ha creado Jorge Cremades con sus vídeos. Así somos los hombres y las mujeres en este universo de vídeos virales y miles de likes.

Lo más grave de todo es que, lejos de retractarse, Jorge continúa justificando sus vídeos sexistas en pos del humor y la libertad de expresión. La libertad de expresión es maravillosa, pero hay límites, y uno de ellos es el respeto a las personas. Como se ha convertido en todo un influencer (de hecho, Los 40 Principales le concedió un premio por ello), los medios de comunicación le hacen entrevistas en las que sigue haciendo gala de su desconocimiento en cuestiones de género y en las que sigue diciendo barbaridades. En su última entrevista para El Español, asegura que “hay más violaciones a hombres que a mujeres”, una afirmación que me parece terrible teniendo en cuenta que en España se viola a una mujer cada ocho horas. También dice que “los hombres sufren hembrismo” y no se quejan y que tiene amigas lesbianas y él es su amigo “porque no puede ser otra cosa”. Palabras sexistas que, al igual que sus vídeos, llegan a millones de personas, incluidos jóvenes para los que este youtuber es una referencia, un líder de opinión.

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Páginas de ‘Te odio, pero como amigo’, el libro de Jorge Cremades

Quizá el título de este artículo puede ser un poco engañoso. No es que Youtube sea machista por definición, puesto que solo es un canal a través del cual muchas personas transmiten sus ideas. Hay youtubers fantásticos que cuentan cosas interesantes o, simplemente, nos hacen reír y pasar un buen rato. Pero también está el ‘humor’ sexista de Jorge Cremades o casos aún más graves como el de Álvaro Reyes, el youtuber que da clases de cómo acosar a las mujeres. Estos influencers del siglo XXI graban vídeos, aparecen en los medios de comunicación, trabajan para marcas y hasta escriben libros.

Para muchos, ser youtuber puede ser un pasatiempo. Para otros, es toda una fuente de ingresos, y hasta un modo de vida. Pero lo que está claro es que quién se adentre en este mundo, debe hacerlo como en todos los oficios y profesiones: con responsabilidad y, sobre todo, respeto.

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Nada es cierto hasta que un hombre lo diga


Hace unos días, han salido a la luz unas declaraciones del director Bernardo Bertolucci que han escandalizado a medio mundo. En 2013, el italiano confesó en una entrevista en La Cinémathèque Française de París que la escena más famosa de su película ‘Último tango en París’ fue rodada sin el consentimiento de uno de sus protagonistas. Nos referimos al momento en el que Paul (Marlon Brando) utiliza mantequilla para penetrar analmente a Jeanne (Maria Schneider). Sí, Bertolucci y Brando se pusieron de acuerdo para filmar esta escena sin contarle nada a Maria. Dicho en otras palabras: el director y el actor se pusieron de acuerdo para violar a una mujer y grabarlo para la película.

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Bertolucci, Marlon Brando y Maria Schneider (1973)

“Quería ver su reacción como chica, no como actriz”, explicó el italiano sin inmutarse a pesar de ser cómplice de una agresión sexual vendida como arte. Y es que, después de todo, Bertolucci consiguió su objetivo: una escena impactante en la que las lágrimas y el dolor de Maria Schneider son totalmente reales. Todo vale por una buena película que te encumbre como en lo más alto de Hollywood, ¿verdad?

Lo más triste de todo es que Maria Schneider ya había denunciado públicamente durante años este tormento. Siempre describió la escena de la mantequilla como uno de los episodios más dolorosos de su vida. Se sintió impotente y quedó marcada para el resto de su vida, hasta que finalmente falleció en 2011 a causa de un cáncer. Murió sabiendo que nadie la creía, a pesar de ser la protagonista de los hechos o, mejor dicho, la víctima de un delito que fue aplaudido por los críticos y la sociedad. Su testimonio no valía nada al lado de las versiones de hombres poderosos como Bertolucci o el propio Brando que, por cierto, fueron nominados a los premios Óscar de 1973 como Mejor Director y Mejor Actor por esta película.

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Estrella de Marlon Brando en el Paseo de la Fama (Hollywood). Maria Schneider es la única de los tres que no tiene una.

Hasta que el propio Bertolucci no ha reconocido planeó una violación para su película más famosa y se lucró de ello, nadie ha creído que esto fuera posible. Ha tenido que llegar un hombre y contar su versión para que Maria Schneider dejara de parecer una mentirosa o, en el mejor de los casos, una exagerada. Parece que nada es cierto hasta que un hombre lo constate….

Pero no es la primera vez que esto ocurre. Nunca nadie ha creído a Dylan Farrow, hija de Woody Allen, cuando narraba los abusos a los que le sometió su padre. Tampoco nadie creyó a la testigo protegida que reveló el Caso Torbe, a pesar de que algunos de sus implicados como David De Gea ni siquiera se han dignado a dar explicaciones. Todos dudaron de Amber Heard cuando denunció los malos tratos por parte de Johnny Depp. A ellas, las mujeres que se atreven a cuestionar y denunciar a grandes hombres, a genios del mundo del cine o del deporte, nadie las cree. No importan las pruebas que presenten, su testimonio siempre es descartado o puesto en duda. Por supuesto que hay que respetar la presunción de inocencia de los acusados, pero eso no quiere decir que haya que ignorar los testimonios de estas mujeres, siempre tildadas de “aprovechadas” que quieren desprestigiar o ensuciar la reputación de “los intocables”.

Todo vale en el cine, o al menos ese es el mensaje que transmitió Bertolucci. Esto me repugna y no debemos mirar hacia otro lado o ser menos duros con Bertolucci o Brando por mucho que nos gusten sus películas o sus actuaciones. Ya lo ha explicado muy bien Jessica Chastain en su Twitter: “A toda la gente que adora esa película: estáis viendo a una chica de 19 años siendo violada por un hombre de 48. El director planeó el ataque”. Así, sin tapujos. Y ante nuestros ojos. Esto es lo que hacen algunos de los intocables a los que siempre damos crédito.

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Las feministas de ahora


– “Las feministas de ahora sois muy radicales”

– “Las feministas de ahora no buscáis la igualdad”

– “Las feministas de ahora sois unas feminazis”

– “Las feministas de ahora os quejáis por todo”

– “Las feministas de ahora os pasáis”

Las feministas de ahora somos malísimas. Odiamos a los hombres y comemos niños. Somos unos monstruos que nada tienen que ver con las sosegadas feministas de antes. Eso es lo que parece, ¿no?

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Ahora hablando en serio: si me dieran 1€ cada vez que me llaman “feminazi” o, en el mejor de los casos, “radical”, sería millonaria. Al igual que otros y otras feministas, intento tomármelo con humor, pero lo cierto es que acaba molestando. Molesta y, sobre todo, duele, porque el insulto “feminazi” no es nuevo. Hace siglos, también se insultaba y descalificaba al movimiento feminista y a los que participaban en él. Sí, a esas feministas de antes con las que actualmente nos comparan, como queriéndonos decir que nos hemos asalvajado y hemos corrompido el movimiento que nació con ellas. Pero, en mi caso, tengo la conciencia muy tranquila porque las feministas de antes estarían orgullosas si nos vieran.

Tal y como explica brillantemente Beatriz Serrano en el artículo ‘En 1906 ya llamaban a las mujeres feminazis’, las feministas del siglo XIX también fueron perseguidas y atacadas (podéis verlo en la película ‘Sufragistas’, por ejemplo). Y es que si el feminismo actual os parece radical, las sufragistas no lucharon por conseguir el voto femenino lanzando flores al aire, precisamente. Ante los continuos ataques de una sociedad que se negaba a considerar a la mujer como una ciudadana con derechos, las sufragistas se movilizaron y organizaron revueltas en las que, en ocasiones, dañaban escaparates y mobiliario urbano. No las escuchaban en el Parlamento y decidieron luchar en las calles. Y sí, eran radicales, pero es que un movimiento social es radical por definición. Es radical porque tiene un objetivo claro por el que lucha incansablemente contra un sistema discriminatorio con el que hay que acabar.

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Cartel anti-sufragistas (1909)

Por tanto, las feministas de antes y las feministas de ahora compartimos lucha y somos atacadas de igual forma, aunque haya algunos que no quieran recordar el pasado. A nosotras nos llaman ‘feminazis’ y a ellas las llamaban ‘suffragettes’, término empleado para definir de forma despectiva a las mujeres que reivindicaban su derecho a voto. Contra el feminismo de nuestras antepasadas surgió todo un movimiento machista que extendía su odio a través de dibujos y carteles, en los que se avisaba a los hombres de lo peligroso que podía llegar a ser tener una esposa ‘suffragette’. Con esto intentaban descalificar el movimiento, y hacer que las feministas y su círculo cercano se sintieran avergonzados. Por eso, representaban a las sufragistas como mujeres feas, agresivas, de aspecto monstruoso. ¿Esto no os recuerda a los memes que hoy en día circulan por Internet? Sí, esos tan “graciosos” que muestran a las feministas como mujeres amargadas, despiadadas y horribles cuyo único objetivo es acabar con el sexo masculino.

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Viñeta anti-feminista (2015)

Mismos insultos, mismos prejuicios, misma ignorancia… la Historia avanza, pero hay cosas que no cambian. En nuestra mano está conseguir que sí lo hagan.

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